La publicación la semana pasada de los datos de empleo de finales del año pasado llegó con un dato histórico, la tasa de paro ha caído hasta el 9,9%, rompiendo la barrera del 10% por primera vez desde principios de 2008. Sin embargo, este hito ha despertado cierto escepticismo, insinuando que el dato tiene “truco”. Muchos apuntan al sospechoso habitual de los últimos años: los fijos discontinuos.
Desde que la reforma laboral de 2021 restringió la contratación temporal, el fijo discontinuo se ha convertido en la gran alternativa legal para las empresas, pero su medición sigue generando confusión. A continuación, vamos a desglosar la metodología oficial para responder a la gran pregunta: ¿es este contrato el que está maquillando artificialmente las cifras o estamos ante una mejora genuina del empleo?

En España, el mercado laboral se mide a través de tres fuentes oficiales que, aunque ofrecen perspectivas distintas, son complementarias entre sí. La primera es la Encuesta de Población Activa (EPA), que publica el INE cada trimestre. Es nuestro estándar homologado a nivel europeo y la responsable de ese dato de paro del 9,9%. Su valor es que mide la realidad económica a través de entrevistas, preguntando directamente a la gente si trabaja o no en la semana de referencia, independientemente de lo que diga su contrato. Su principal desventaja frente a las otras es la frecuencia, ya que el dato tarda más en publicarse.
Por otro lado tenemos el paro registrado del SEPE. Al ser un dato mensual es más rápido, pero se limita a contar a las personas que están inscritas legalmente en las oficinas de empleo buscando trabajo de forma activa. Su punto débil es que deja fuera a quienes no se apuntan voluntariamente y a ciertos colectivos que administrativamente no cuentan como parados, como es el caso de los fijos discontinuos en periodo de inactividad.
Finalmente está la Afiliación a la Seguridad Social, publicada por el Ministerio, que funciona como el indicador más fiel de la creación de empleo "en tiempo real" gracias a su publicación mensual. Sin embargo, hay que leerlo con lupa porque mide relaciones laborales, es decir, altas, no personas físicas. Esto significa que si un trabajador tiene dos empleos a tiempo parcial, algo frecuente en los fijos discontinuos, computará como dos afiliados distintos, lo que puede inflar la percepción de cuánta gente está trabajando realmente.
Ahora que hemos explicado a grandes rasgos cómo se mide el empleo en España, vamos a entrar en más detalle en cómo miden los fijos discontinuos estas fuentes. En el caso de la EPA, un fijo discontinuo cuenta como ocupado mientras trabaja, y cuando no lo hace, solo se mantiene en esa categoría si tiene garantizada la vuelta en menos de tres meses o si sigue cobrando al menos la mitad de su sueldo. Como la realidad del mercado español es muy distinta, pensemos en la hostelería, donde en los periodos de inactividad ni se cobra ni suele haber fecha exacta de retorno, la EPA "expulsa" estadísticamente a estos trabajadores de la ocupación. Dependiendo de si buscan trabajo activamente o no, pasan a clasificarse como parados o inactivos, lo que explica por qué la cifra de ocupados de esta encuesta es sistemáticamente inferior a la de contratos que registra la Seguridad Social.
En cuanto al SEPE, ¿por qué nunca los cuenta en la cifra del paro registrado? Aquí entramos en una cuestión jurídica. No es que el SEPE esconda a estos trabajadores, sino que los clasifica en una categoría secundaria que rara vez ocupa titulares. Aunque un fijo discontinuo esté en su casa sin trabajar y cobrando la prestación por desempleo, jurídicamente mantiene un contrato indefinido con su empresa. Al existir ese vínculo, el SEPE no puede contarlo como “parado registrado”, por lo que lo archiva como “Demandante de empleo con relación laboral”. El problema es que esta categoría funciona como un cajón de sastre, se mezclan con trabajadores en ERTE y otros colectivos, y queda fuera de la cifra oficial de parados. Además, el SEPE no publica un desglose limpio de cuántos de esos demandantes son fijos discontinuos inactivos, lo que obliga a realizar estimaciones.
En cuanto a la Seguridad Social, esta solo mide emparejamientos entre empresa y trabajador, no personas físicas. Esto implica que solo contabiliza a los fijos discontinuos cuando están activos, ya que la empresa tramita su baja al cesar la actividad. Además, esta métrica puede distorsionar el dato real por el efecto del pluriempleo, algo que es habitual entre los fijos discontinuos. Al contar relaciones laborales, un solo fijo discontinuo con dos trabajos aparecería contabilizado dos veces.
Estas diferencias metodológicas genera cifras dispares. Si miramos la EPA del último trimestre de 2025, la estimación es de 666.500 fijos discontinuos ocupados, pero si consultamos la Seguridad Social para el mismo periodo, la media de afiliados sube a 926.690, una cifra notablemente superior.
A la comparación se suma que cada fuente usa unidades temporales diferentes: la EPA se fija en una semana concreta, lo que la hace muy sensible a si justo trabajaste esos días; el SEPE saca una foto fija del último día del mes; y la Seguridad Social calcula la media de todos los días laborales, siendo la más precisa en este aspecto. Como concluyó Fedea en abril de 2024, las cifras oficiales divergen porque utilizan criterios incompatibles con la flexibilidad que aporta este contrato. Ninguna fuente recoge el dato completo y todas subestiman o sobreestiman alguna parte del fenómeno.
Para responder a si el dato tiene “truco”, basta con revisar la metodología. La acusación de maquillaje estadístico tiene fundamento en el caso del SEPE, donde los fijos discontinuos inactivos desaparecen de la cifra principal por un tecnicismo legal. Sin embargo, acusar de lo mismo a la tasa de desempleo de la EPA es un error.
Como hemos desgranado, la EPA no pregunta qué contrato tienes, sino si trabajaste la semana de referencia. Si un fijo discontinuo está en su casa, sin sueldo y sin fecha de retorno inmediata, la EPA lo clasificará mayoritariamente como parado (si busca empleo) o inactivo. Por tanto, la EPA es un filtro mucho más sólido contra el “maquillaje” de las cifras.
Con todo esto podemos concluir que la caída del desempleo por debajo del 10% refleja una mejora real de la actividad económica y no es una mera ilusión estadística. La creación de empleo es genuina, aunque la reforma del 2021 haya introducido ruido en la medición de la calidad del empleo. Hoy tenemos menos temporalidad sobre el papel, pero hemos trasladado esa inestabilidad a la figura del fijo discontinuo.




