Durante décadas, el dólar ha sido la referencia. Cuando hay incertidumbre, el dinero se va hacia ahí. Muchas materias primas se compran y se venden en dólares, y la mayoría de bancos centrales mantienen una parte importante de sus reservas en esta moneda. Aun así, en los últimos años han ido apareciendo indicios de que su peso podría ir reduciéndose con el tiempo.
En Europa, la crisis política en Francia ha presionado al euro y el mercado ya descuenta un pequeño impacto frente al dólar. Si ganara el partido de Marine Le Pen, el euro podría debilitarse algo más. Si ganara la izquierda, el golpe podría ser aún mayor. Pero lo importante es que el euro/dólar no depende tanto de París como de Washington. Lo que más moverá el tipo de cambio serán los datos de empleo en EEUU y la próxima decisión de la Fed. De hecho, pese al ruido político, en JPMorgan esperan que el euro se fortalezca en los próximos meses si los diferenciales de tipos empiezan a favorecerlo.
Aun así, el cambio más interesante se está dando en Asia. En la última cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) en Tianjin, China mostró claramente su ambición de ganar influencia y de impulsar un orden más “multipolar”. La SCO empezó como un foro de seguridad, pero hoy agrupa a una parte enorme de la población mundial y cada vez tiene más peso económico. El comercio entre China y los países miembros superó los 500.000 millones de dólares el año pasado, con un componente energético muy relevante. Y parte de ese comercio, que tradicionalmente se hace en dólares, podría ir pasando con el tiempo a liquidarse en monedas locales, como el yuan.
También se ha hablado de crear un banco de desarrollo de la SCO, parecido al Asian Infrastructure Investment Bank pero más pequeño, que serviría como alternativa al FMI o al Banco Mundial. Y la cumbre no fue solo sobre finanzas, los países también acordaron cooperar más en materias como la inteligencia artificial, lo que refuerza esa idea de construir estructuras propias, paralelas al marco occidental.

El mensaje político también cuenta. La imagen de Xi Jinping, Narendra Modi y Vladímir Putin juntos en Tianjin fue significativa. Rusia ya está comerciando parte de su energía en yuanes, India mantiene una estrategia más flexible, y China está intentando que su moneda gane presencia en mercados emergentes. La hegemonía del dólar empieza a cuestionarse con mayor fuerza.
Dicho esto, el dólar no va a desaparecer a corto plazo. El mercado de deuda estadounidense sigue siendo el más grande y líquido, y las decisiones de la Fed siguen afectando a todo el mundo. Pero sí parece claro que se está avanzando hacia un sistema con más centros de poder. El dólar sigue siendo el principal, pero ya no está solo.




